Arma de doble filo

    Por Gerardo Hernández González

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    En agosto de 2010, cuando el Gobierno de Coahuila declaraba ante la Secretaría de Hacienda una deuda por 8 mil 267 millones de pesos, la novena más abultada a escala nacional, una indagación de Gabinete de Comunicación Estratégica ponía a Humberto Moreira en los cuernos de la luna. Era “el mejor Gobernador” del país, por encima de Enrique Peña Nieto (Estado de México) y Miguel Osorio Chong (Hidalgo). Calificado como “el más confiable y honesto”, el 53% de los encuestados le habría encargado “las llaves de su casa”, de haber sido el saltillense su vecino y ellos tuvieran que ausentarse de su hogar por varios días.

    El resto de la historia es de sobra conocido. Tres meses después de haber asumido la presidencia del PRI, por voluntad de Peña Nieto, la megadeuda se convirtió en escándalo nacional: Coahuila debía 36 mil 509 millones de pesos, ¡28 mil millones más que los reportados el año previo! Peña defenestró a Moreira de la jefatura del PRI, el 2 de diciembre de 2011, luego de asistir a la toma de posesión de su hermano Rubén, quien guardó la información de la deuda bajo siete llaves. El periodismo, empero, hizo su parte: la revista Forbes incluyó al Gobernador honesto en su lista de “los 10 mexicanos más corruptos” de 2013.

    Las encuestas son un arma de doble filo. “La popularidad, escribió Víctor Hugo, es la gloria en calderilla”. Sin embargo, los políticos prefieren pasear la mirada entre el ombligo y el espejo en vez de ver la realidad, e improvisar fortunas a costa del erario en lugar de vivir en la honrada medianía juarista. Peña gastó 60 mil millones de pesos en imagen y es el Presidente peor calificado, por la corrupción, la frivolidad y la soberbia de su Gobierno. Lo mismo le pasó a Moreira, cuyo plan era ocupar la silla del águila. La hibris lo perdió como a tantos que abusaron del poder sin medir las consecuencias.

    Forzado por las circuns-tancias, Miguel Riquelme templó su carácter, actúa con discreción y dedica parte de su tiempo a restañar las heridas del moreirato. Su refugio natural es Saltillo, pues Torreón y el resto de las cabeceras municipales clave del estado las ocupan el PAN y Morena. Sin embargo, el perfil bajo también puede confundirse con debilidad o falta de liderazgo. Al Gobernador a veces lo opaca el Alcalde.

    A diferencia de Humberto Moreira, quien recibió finanzas sanas y un estado ordenado y con buen crédito, y de Rubén Moreira, cuyo acceso a Peña Nieto, al procurador General de la República y a otros miembros del Gabinete le dio impunidad y le permitió ejercer el poder a su arbitrio, Riquelme es un Gobernador acotado. El pago de intereses por la deuda reduce la inversión en obras y servicios públicos, y los ahorros de la última reestructuración serán anulados por la cancelación de fondos federales. Riquelme navega contra corriente.

    El presidente López Obrador, como sus predecesores del PRI y el PAN, ha dirigido la mayor parte del gasto federal a los estados gobernados por su partido. Adicionalmente, los programas sociales, antes manejados por los mandatarios locales, ahora son coordinados por delegados de AMLO. La intención consiste en eliminar a los intermediarios y atacar la corrupción, pero también en asegurarle a Morena una base electoral para ganar más guberna-turas y conservar la mayoría en el Congreso. Coahuila está en el punto de mira de la 4T. Riquelme lo sabe, pero dispone de pocas armas para defender la plaza.

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