Gabo y el erotismo 1/2

    Por Jesús R. Cedillo

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    Gracias por leerme en este espacio digital. Buenos y hartos comentarios me llegaron con dos dípticos aquí editados donde abordamos en clave gastronómica, algunos de los textos de ese mexicano universal llamado Carlos Fuentes y luego, realizamos una pálida reflexión sobre las bondades de la cerveza. A Fuentes lo leímos desde su vena de gastronomía lo cual no pocas veces es armado integral en sus textos de narrativa. Pero ahora, algunos lectores como usted que me favorece con su atención, me han pedido que aborde a ciertos escritores (el mismo Carlos Fuentes), desde su vena o arista erótica y también no pocas ocasiones, vena pornográfica que muchos y buenos escritores lo tienen como plácido camino a disfrutar en sus letras.

    Hoy, entonces acometemos lo anterior pedido por usted en uno de ellos, imagino querido y leído ya con tiempo antelación, el gran Gabriel García Márquez. Lo abordaremos en este par de pasajes poniendo acento en su lado erótico. Comenzamos. Su muerte lo unió a la eternidad. El Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, antes de finalizar su fructífera vida literaria en la tierra, produjo tempestades y causaba tumultos. La publicación de su novela, “Memoria de mis putas tristes”en el 2004 –luego de guardar en el terreno de la ficción un silencio ensordecedor que duró diez años– puso en los terrenos de la pantanosa invención los episodios y sucesos reales que se dieron alrededor de su fenómeno editorial, lo cual fue tema de alcance continental.

    Algunos datos al azar para la trivia y la anécdota: en Colombia, la editorial Sudamericana, que tiene en exclusiva los derechos de autor del Premio Nobel, mandó montar una estricta vigilancia día y noche en la imprenta que maquilaba el libro por un motivo: los empleados podían sustraer un ejemplar y entregarlo a las imprentas piratas para su masiva reproducción. Al final de cuentas así pasó. En la ciudad de México y en su momento, circularon primero ejemplares no autorizados de la edición y días después se vendieron los de la edición original. Cosa nunca vista: para América Latina y España, el tiraje inicial de “Memoria de mis putas tristes”fue de un millón de ejemplares. Un millón. En fin, el fenómeno delGaboes algo único y sí, todos querían al Gabopor lo que escribía. Lo seguimos queriendo.

    La economía de personajes en lo que fue su novela de corte erótico, “Memoria de mis putas tristes”, rayó en el exterminio. Con apenas 109 holgadas páginas, el monstruo de Aracataca regresó en aquel año a la literatura de ficción luego de diez años de ayuno premeditado. ¿La razón?, García Márquez escribía sin prisa y sin pausa sus memorias, obra monumental de características centáureas, de la cual entregó un primer tomo titulado “Vivir para contarla.”Para desgracia de nosotros, no hubo segundo tomo.

    Insisto, la economía de personajes en “Memoria de mis putas tristes”rayó en el exterminio. Veamos a vuela pluma a estos habitantes del universo garcíamarqueseano: el personaje principal es un periodista nonagenario del cual nunca sabemos su nombre –una especie de versión masculina de la bíblica Mujer de Lot– sólo sus apodos: el sabio triste, y en las cátedras que dictaba, el “profesor Mustio Collado.” El sabio periodista, en sus propias palabras, tiene varios rasgos que lo distinguen: “Feo, tímido, anacrónico.” Luego, aparecerá la dueña de un prostíbulo, de una casa clandestina de citas: Rosa Cabarcas. El tercer personaje es una especie de “personaje maceta”, el cual deambula por la novela en tres o cuatro ocasiones: Damiana, una mujer que el sabio periodista conoció cuando era “casi una niña, aindiada, fuerte y montaraz, de palabras breves y terminantes, que se movía descalza para no disturbarme mientras escribía.”

    El cuarto personaje es un fantasma, una aparición celestial, una “pavita de catorce años”, una virgen prudente con “olor a regaliz” en el cuerpo y en la alma. El sabio periodista le llamará Delgadina –como el bolero inolvidable que el Gabo puso de moda– y sobre ésta edificará un castillo de pirotecnia verbal digna de elogio. Luego, aparecerán algunos personajes casi, casi de relleno, los cuales serán meros pretextos para hacer que la narración fluya y camine amorosa y a paso lento sobre la relación del nonagenario y la Lolita navokoviana, rescrita y reinventada en tez latina.

    Reflexión sobre la vejez y –la ridícula pero vivificante vida del enamorado– el sexo se insinúa, se huele, se presiente aunque, jamás llega a realizar la cópula que acaso, termine devastando a quien se deje llevar a los extremos del placer. Voyerista encantado, el sabio periodista se regodea en admirar a una niña-adolescente cuya virginidad, más que atributo divino, es la prueba de fuerza que el escritor se impone para penetrar en varios de los más sutiles secretos y misterios del corazón y la razón de un hombre de noventa años. La memoria, siempre la memoria en el Gabo. Este logra en su novela, una indagación atenta sobre los resortes ocultos que animan el sexo, la carne y ese estado volitivo del ser humano llamado amor.

    Hoy, justo hoy cuando andamos más urgidos de genios de su talla y estatura, a don Gabriel hay que leerlo con lupa y lápiz rojo una y otra vez. En 2014, su salud quebrantada terminó por minar su bigote tropical, aunque no fue impedimento para conciliar una amistad y tremendo reportaje no sobre una adolescente pecadora, no; sino que en su momento, persiguió por los cinco continentes a su compatriota de caderas redondas y perfectas, Shakira. Lo demás es historia.

    Coda

    Gabriel García Márquez emprendió con “Memoria de mis putas tristes”, una aventura literaria fina y precisa, donde la pirotecnia estilística de su escritura alcanzó las más altas notas de registro, fiel al universo garcíamarqueseano. Moroso, el mejor GGM nos volvió a enseñar que erotismo es lo que se adivina, jamás lo que se exterioriza.

     

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