Virus de laboratorio

    Por Gerardo Hernández González

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    Al país lo aflige un nuevo virus. Este, a diferencia del SARS-CoV-2, es de
    laboratorio, se libera cada tres o seis años y en la mayoría de los casos deja
    secuelas permanentes: se trata de las campañas políticas. Durante dos
    meses, los mexicanos estaremos expuestos a un bombardeo incesante e
    inclemente de anuncios en prensa, radio, televisión y redes sociales de
    partidos de todo signo, candidatos de toda ralea y de alianzas aberrantes.
    Decenas de miles de políticos y profanos están dispuestos a «sacrificarse»
    por la patria en aras del interés más elevado: el propio.
    Se volverán a repetir impunemente las mentiras de siempre y las promesas
    incumplidas de toda la vida. Lo aconsejable es no contaminarse de ruido y
    estridencia. Conviene, mejor, en el caso de Coahuila, revisar los perfiles de
    cada candidato a alcalde, regidor, síndico y diputado federal. Los datos están
    al alcance de un clic en las páginas web de los órganos electorales. Los
    comicios del 6 de junio próximo brindan la oportunidad de castigar o
    premiar, según el caso, la conducta personal y desempeño de los aspirantes a
    lo largo de su trayectoria política y profesional.
    La reelección de alcaldes y diputados se planteó para dejar en manos de la
    ciudadanía la oportunidad de refrendar o invalidar una decisión tomada en
    las urnas. Sin embargo, las nomenklaturas partidistas se arrogaron esa
    facultad para imponer, con premeditación, alevosía y ventaja, a familiares e
    incondicionales.
    Un ejemplo es la candidatura del exgobernador Rubén
    Moreira, cuyo pase al Congreso será automático. De acuerdo con el Hub de
    Periodismo de Investigación de la Frontera Norte, su administración desvió
    alrededor de 700 millones de pesos a empresas fantasma. Además, existe
    una demanda contra el «moreirato» por crímenes de lesa humanidad en la
    Corte Penal Internacional. Su esposa, Carolina Viggiano, también será
    premiada con una diputación plurinominal. La historia se repite en los demás
    partidos. ¿Cómo quieren el PRI, el PAN y el PRD, con semejantes elencos,
    disuadir a los electores de sufragar por Morena?
    Otra candidatura que incita a acudir a las urnas es la de Shamir Fernández,
    postulado por el PRI para legislador federal por el distrito VI con cabecera en
    Torreón. El lagunero fue uno de los peones de Humberto y Rubén Moreira
    que legalizaron la deuda impagable por más de 36 mil millones de pesos. Es
    tanto el respeto de Fernández y su partido por la ciudadanía, que menos de
    una semana después de haber rendido protesta como diputado local
    renunció para buscar un asiento en la Cámara Baja.
    Votar por perfiles, no tanto por siglas partidistas, y no dejarse embaucar por mensajes anodinos, permite desenmascarar a quienes buscan el voto con piel de cordero. Los
    trepadores políticos solo buscan la supervivencia de su tribu.
    Si se quieren alcaldes que verdaderamente atiendan las demandas sociales,
    más que sus agendas, negocios y proyectos personales, y diputados que
    representen y escuchen a la ciudadanía y en vez de acatar a ciegas las
    consignas de sus partidos y padrinos, tomémonos la molestia de escudriñar
    sus antecedentes, de medir sus alcances para no volver a elegir a los menos
    peores, sino a los mejores. Solo así es posible elevar la calidad de nuestra
    democracia y alentar la participación política, la cual trasciende el espacio de
    las casillas electorales. En pocas elecciones intermedias se ha observado
    tanta efervescencia, pero si el ánimo popular no se traduce en un voto
    crítico, razonado y vigilante, de nuevo ganarán los peores.
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