Equilibrio de poderes

    Por Jesús R. Cedillo

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    Jericó Abramo Masso, candidato a diputado federal, tiene muchas y variadas cualidades y tiene un grave, gravísimo defecto. Exalcalde de Saltillo, ha madurado a pasos de gigante. Su pasada campaña electoral para senador de la República lo llevó a conocer de cerca y al oído, las preocupaciones y anhelos de los habitantes de todo el territorio coahuilense. Ya luego, estuvo al frente de una Secretaria de Estado con el gobernador Miguel Ángel Riquelme. Jericó Abramo tiene una virtud (en ocasiones es condena y claro que se padece, pero hoy es virtud) como este escritor: duerme poco. Entre el insomnio y la vigilia, planea, estructura, hace agenda, lee toda la prensa muy de madrugada y monitorea el panorama nacional.

    Es decir, en el sentido aristotélico del término, Abramo Masso es un animal político. Su vocación lo ha llevado lejos. Es una carta bien reconocida y posicionada en el estado. Otra de sus cualidades es el trabajo. Merced a lo que arriba apuntamos, dormir poco, todo el tiempo se la pasa trabajando. Robándole tiempo a su tiempo, pues. Es un servidor público nato. Y como animal político, en esta contienda su discurso es elogiable: busca ser diputado federal para lograr eso que tanto le he insistido en los dos últimos años: el sano equilibrio de poderes federales en contra de esa masa de palurdos e iletrados, los cuales nos quieren de rodillas: Morena, con la figura avasallante de Andrés Manuel López Obrador.

    Jericó Abramo Masso habla de un sano y necesario equilibrio de poderes. Habla de construir acuerdos urgentes para lograr que recursos, respeto y justicia lleguen vía rápida a Coahuila. Habla de conciliación y unidad. Sí, en tiempos en que AMLO y su corte de claques hablan de división, linchamientos públicos, ajuste de cuentas y todo lo que usted ya sabe, lo cual tiene polarizado a nuestro país. Jericó Abramo Masso ha madurado. Pero, desde que le conozco tiene un grave, gravísimo defecto: le va a los 49ers de San Francisco con la época gloriosa de Joe Montana al frente. Caramba, qué le vamos hacer, no se quiere cambiar a la religión verdadera: sumarse a las huestes de mis Pittsburgh Steelers. En fin. Ni él va a dejar a sus 49ers ni yo voy a abdicar jamás de mis Acereros. Así es esta pasión insana y enfermiza que es el fútbol americano.

    Las niñas juegan al voleibol. Los hombres bien nacidos practican la lucha libre. Pero sólo los varones, superhombres cocidos y forjados a fuego lento, llegan a jugar en el mejor deporte del mundo: el fútbol americano. Pero ojo, la política ya se está convirtiendo en un deporte extremo como los anteriores. Por el sencillo motivo que AMLO todo lo quiere para sí, todo lo quiere depredar y sin disputa de por medio. Usted lo sabe y usted y yo lo hemos platicado aquí varias ocasiones: no quiere ni tolera voces críticas. Jericó Abramo Masso sería una voz alta y crítica en la máxima tribuna de la nación. Por eso es importante su voto, señor lector.

    ESQUINA-BAJAN

    Se reprochaba en su momento el peso, el tonelaje omnímodo de un Presidente granítico, como lo fue Carlos Salinas de Gortari. Muchos años fue el villano favorito de los mexicanos, de una buena parte de los mexicanos. Él mismo llegó a jugar con su reelección en las urnas. No lo negaba, tampoco lo aceptaba. Simplemente dejaba correr la charada. Por cierto, si usted lo recuerda, a gritos se lo pedían en varias partes del País. Pero todo se vino abajo con aquello del levantamiento de un puñado de indígenas de la sierra alta de Chiapas. Justo cuando era la entrada de México en el Tratado de Libre Comercio.

    Eran una época en que Carlos Salinas de Gortari dominaba el cielo, la tierra y el aire. Se le criticaba tanta concentración de poder en un solo hombre. Pero ojo, se le criticaba, se le señalaba. ¿Hoy? La gente, la masa de palurdos e iletrados ven a Andrés Manuel López Obrador como un santo. Le creen todo, le votan a favor todo y le encargan milagros y peticiones, como asistir a templos y basílicas a pedir favores a San Judas Tadeo o a la Virgen del Perpetuo Socorro. ¿Por qué? AMLO lo sabe y lo alienta, lo amamanta. No pocas veces ha salido a la palestra pública, desde su púlpito o tornavoz privado de Palacio Nacional donde ha hablado de tener estampitas milagrosas, afiches, escapularios, dólares de dos dólares…

    Y eso es precisamente lo que vende para causar empatía: una mente primitiva que cree en la magia y superchería… al igual que 72.24 por ciento de los mexicanos (Encuesta sobre Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México, realizada por el Conacyt y el Inegi). Ahora en lenguaje cristiano: 72.24 por ciento de la población actual de México cree en amuletos y limpias, no en la ciencia. Por eso nunca se puso cubre bocas durante esta ya cruenta y maldita pandemia (más de 200 mil muertos oficiales y contando. Pero no, no estamos en semáforo rojo. ¡Puf!), por eso nunca cumplió con los protocolos de salud, por eso despreció y sigue despreciando la voz de los científicos.

    ¿Qué hacer entonces? Pues buscar eso llamado equilibrio de poderes. Tratar de  equilibrar las fuerzas políticas que nos rigen y buscar el contrapeso hacia una mejor forma de gobierno, gobierno en manos de AMLO que ha llegado casi a la dictadura. La voz de un solo hombre. La voz de un hombre solo. Y llegamos al quid de la cuestión: ya están aquí las elecciones para el Congreso federal. Y usted y nadie más va a elegir a sus diputados. Si vota por Morena, nos van hacer trizas. Si usted vota por otra opción, va a contribuir a un sano ejercicio de equilibrio en el poder parlamentario.

    LETRAS MINÚSCULAS

    ¿Le pido un favor? Vote usted por Jericó Abramo Masso. No puede defraudarlo. No lo va hacer. Se lo aseguro. Regresaré al tema…

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