Morena y los días de madrugar

    Por Arturo Rodríguez García

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    La renovación de la dirigencia nacional de Morena generaba tensiones desde hace meses hasta que el pasado fin de semana fueron llevadas al extremo, cuando la presidenta de ese partido, Yeidckol Polevnsky, “madrugó” a las comisiones responsables de emitir la convocatoria para el III Congreso Nacional de ese partido.

    De los órganos internos surgió una segunda convocatoria y, aunque se esperaba que el domingo 18 quedaran resueltos los pormenores para el congreso de la renovación, la maniobra de la dirigente dejó todo en un impasse programado para resolverse este martes 20 de agosto, cuando se supone que la Comisión Nacional de Elecciones, así como la llamada “junta de notables”, decida cuál convocatoria debe prevalecer.

    Los llamados a la unidad son infructuoso y aunque nadie quiere que el caso de judicialice y llegue al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, tampoco están dispuestos a ceder un mínimo.

    Así, mientras los preparativos para el proceso de elección de dirigente provocaban el desencuentro abierto, una lucha soterrada entre senadores y funcionarios públicos relacionados con Morena,  acordaba los necesario para evitar, el lunes 19, la continuidad por un segundo año y dos períodos, de Martí Batres al frente de la Mesa Directiva del Senado.

    Este último asunto revolvió lo que de por sí era turbio. Batres y la propia Yeidckol acusan a Monreal de ser factor de división: “un político faccioso incapaz de encabezar un movimiento amplio”, dijo Martí Batres, bajo la consideración de que el zacatecano, podría regresar al grupo parlamentario a épocas de cacicazgo y poder “de un solo individuo”.

    Esa alusión que juega con la idea del poder que tuvieron en el Senado Manlio Fabio Beltrones en la legislatura antepasada y luego, Emilio Gamboa hasta hace un año es algo que flota –para bien y para mal– en diferentes sectores del morenismo dado que la mayoría de los acuerdos relevantes de la agenda que impulsa la autonombrada “Cuarta Transformación” y el presidente López Obrador, ha sido operada por Monreal al más puro estilo de negociación de vieja escuela.

    Batres asegura que Monreal lo “persiguió y combatió” para dejarlo fuera de la mesa directiva. Tendría que ser más explícito pero lo que es cierto es que si figura prácticamente lo anuló. Aunque apoyado por los actores duros del morenismo fundacional que viene de antiguas formaciones de izquierdas, así como de la dirigente nacional, una vez más, Batres fue desplazado.

    Y es que del lado monrealista –más nutrido de expriístas y personalidades que se sumaron a Morena a partir de 2017–, acusan la intromisión de las secretarias de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y de la de Energía, Rocío Nahle, así como de la propia Polevnsky para operar la permanencia de Batres. Dicha operación sólo fracasó por el madruguete monrealista que por cierto incluyó a los senadores del hoy sin registro PES quienes votaron un cambio –con clara dedicatoria al Ejecutivo— a favor de la tabasqueña Mónica Fernández.

    Con el episodio del Senado, las condiciones están dadas para que el acuerdo que planteaban el grupo que Polevnsky y los comités de Elecciones y de Notables, termine en prolongada confrontación, potenciando la propuesta de suspender el proceso de elección de dirigencia nacional que realizó el tercero en discordia, y uno de los actores más próximos a Monreal, Alejandro Rojas Díaz Durán.

    Una vez más, la conclusión es que dentro de Morena hay diferentes corrientes ideológicas y facciosas de morenismo cuyo único lazo fue y es su apoyo a López Obrador, de manera que como ocurría en el PRI, los equilibrios sólo podrán darse con la definición del primer morenista del país, o de los contrario, continuar el deterioro que impacte con dimisiones y debilitamientos en procesos electorales como ya les pasó –y precisamente por el desaseo de Yeidckol—en Baja California.

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