Y sin embargo se mueve

    Por Marcos Durán Flores

    0
    822

    Desde lo más alto de la Torre Inclinada de Pisa, Galileo Galilei arrojó dos pelotas de distintos pesos y ambas golpearon el suelo al mismo tiempo. Eran sus inicios en su intento por demostrar las leyes que rigen el mundo natural que en mucho allanaron el camino para el estudio de la mecánica. Pero Galileo buscaba más explicaciones y las encontró en la astronomía del que se le considera el padre de esta rama de la ciencia.

    Con un pequeño telescopio, empezó a estudiar la Luna a la que describió en su libro “Sidereus Nuncius” o “Mensajero Sideral”, quizás la primera obra de divulgación científica de la historia, como una superficie áspera y montañosa. El Pisano escribió: “Hermosísimo y agradabilísimo es ver el cuerpo lunar, alejado de nosotros casi 60 semidiámetros terrestres, tan cerca como si distase tan solo dos de esas medidas, de modo que el diámetro de la propia Luna parezca casi 30 veces más grande. La Luna de ninguna manera está cubierta por una superficie lisa y pulida como pensaban los defensores del antiguo sistema aristotélico- ptolemaico, sino áspera y desigual”.

    Pero las observaciones astronómicas de Galileo empezaron a incomodar las teorías aceptadas por la Iglesia. Luego vino su confirmación de que la tierra gira alrededor del sol, incluso en una rotación diaria. El descubrimiento revelaba una sola verdad: el hombre no era el centro del universo. Todo esto lo publica en su libro “Diálogo Acerca de los Dos Sistemas Principales del Mundo” que se publicó un día como hoy, pero de 1632.

    Pero en Europa corrían tiempos difíciles y la persecución religiosa asolaba a Europa y la obra de Galileo fue considerada por la inquisición católica como una espantosa herejía que ofendía a la fe, una aseveración que amenazaba las sagradas escrituras. El científico fue llevado a juicio ante el Tribunal de la Santa Inquisición y fue declarado culpable. La sentencia la trascribo: “Pronunciamos, juzgamos y declaramos que usted, Galileo… se ha hecho sospechar con vehemencia por este Santo Oficio de herejía, es decir, haber creído y mantenido la doctrina (que es falsa y contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras) que el Sol es el centro del mundo, y que no se mueve de este a oeste, y que la tierra se mueve, y no es el centro del mundo”.

    La amenaza de terminar achicharrado en la hoguera provoca que Galileo se retractara de su teoría científica que aseveraba la tierra se movía rotando alrededor del sol y que por supuesto, no éramos el centro del universo. Galileo dice: “No me siento obligado a creer, dijo, que un Dios que nos ha dotado de inteligencia, sentido común y raciocinio, tuviera como objetivo privarnos de su uso, pero hoy ante este Santo Oficio, abjuro los susodichos errores y herejías, no diré nunca más cosas por las cuales se pueda tener de mí semejante sospecha”.

    Al final, la Iglesia prohibió su libro y lo condena a arresto domiciliario de por vida. Fue un triste final para el astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano, un eminente hombre del renacimiento, padre de la astronomía moderna y quizás junto a Da Vinci, Copérnico, Newton, Einstein, Curie y Darwin, uno de los humanos que más han contribuido al desarrollo de la ciencia y el conocimiento a través del tiempo.

    La de Galileo, de quien ayer ocho de enero se cumplió un aniversario más de su muerte, es una historia vergonzosa. La de un genio perseguido por pensar diferente en una época de oscuridad. Una que duró 250 años y que causó la muerte de 90 mil personas acusadas de herejía y brujería que fueron torturadas y ejecutadas con métodos tan imaginativos y crueles, que harían palidecer a cualquier sicario de la actualidad.

    Años después, con la separación de Iglesia-Estado y la creación de los estados laicos, se empezó a permitir la libertad de creencias y se intentaba tratar a todos por igual: a los creyentes y a los no creyentes. Era la separación entre Iglesia y Estado que en palabras de Jesús (Mateo 22,21) decía “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Cada quien en lo suyo; y lo suyo para cada quien.

    Pero la leyenda cuenta que al momento de retractarse ante el Tribunal de la Santa Inquisición de su teoría y decir que ellos tenían razón y que la tierra permanecía estática  no era el centro, Galileo alcanza a murmurar entre dientes .“Y sin embargo se mueve”.

    @marcosduranf

    Comentarios de Facebook