Nacionalismo futbolero y político…

    Por Carlos Aguilar

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    Más allá de las cifras que pueden variar y que señalan de 20 a 40 mil mexicanos que asistieron al mundial de Rusia 2018, cuyos costos van desde los 100 mil hasta el millón de pesos, resulta contrastante que un país como el nuestro dónde en teoría y de acuerdo a gobiernos, políticos y partidos, la mitad de la población vive en pobreza.

    Pero incluso en ese sector poblacional, sin tener una conciencia clara del número de pobres, ellos también son objeto del nacionalismo futbolero y político propio de la temporada que continúa con el deporte y que terminó con la elección del primero de julio y que podría prolongarse de acuerdo a los resultados oficiales.

    Primero, el tema del mundial y de la participación de la selección mexicana, inunda y atrapa a todos: ciudadanos, candidatos, políticos y gobernantes, todos se pronuncian y apoyan un sueño que a pesar de los pronósticos sorprende y alberga esperanzas que proyectan el nacionalismo.

    En algunos casos, sobre todo en el extranjero, propiamente en Rusia, algunos connacionales pecaron de entusiastas y provocaron con la quema de una bandera alemana, la vergüenza y el repudio de todos, incluidos quienes nos quedamos, sin embargo, en general, el comportamiento hasta ahora ha sido bueno.

    En el tema político, durante el tiempo al menos, en el que el representativo mexicano ganó, los testimonios, las imágenes y las acciones de los futbolistas, fueron más populares que las propias propuestas de campaña de algunos candidatos y sus partidos.

    No hay duda que al final de la campaña, fueron más populares y queridos los futbolistas que los propios candidatos que no lograron ganarse el corazón y la mentalidad de los electores, ya en muchos casos, incluidos los protagonistas del proceso electoral, todos al parecer terminaron cansados de una larga campaña.

    Javier Hernández, el delantero mexicano logró más con el extracto de una entrevista televisiva, cuando declaró que se podía soñar, que se podía creer en lograr cosas “chingonas”, algo que desafortunadamente ningún candidato declaró y mucho menos proyectó.

    No es lamentable, pero sí es preocupante que un futbolista o un grupo de deportistas puedan lograr unificación parcial más allá de los políticos, y resulta lógico cuando se vive en un país donde hay un descredito hacia las autoridades y los gobernantes no sólo por sus acciones sino por muchas situaciones relacionadas al alto costo de la vida y la inseguridad en general.

    Al margen de la percepción y de los efectos provocados de ambos factores: el deporte y la elección, hay que reconocer que este país requiere de mucho más que eso porque como país nos hace falta mas cultura y conciencia.

    En la medida que los ciudadanos proyectemos más conciencia, honradez y solidaridad, la presión para los gobernantes e incluso los deportistas, será mayor y entonces si habrá paulatinamente más cosas que presumir y que puedan incrementar nuestro nacionalismo.

    De otra forma, ni nuestros mágicos aspirantes a gobernar, ni nuestros casi héroes nacionales del futbol, lograrán cambios radicales en la sociedad que ofrezcan menos niveles de pobreza (en todos los sentidos) y mejores estratos de seguridad y desarrollo.

    Que viva México, pero por los ciudadanos, más allá de las promesas y compromisos de los políticos y gobernantes del país y de los logros deportivos de la selección mexicana en Rusia y de todos los deportistas que representan a nuestro país en competencias extranjeras.

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